Jugabamos al escondite, a ver quien corría más rápido, hacíamos nuestras necesidades (los niños) y a ver quien llegaba al cardo más alto. En fin, era un mundo natural, seguro, cerca de nuestra casa, pero que no llego a durar demasiado. Fueron pocos años los que duro el campo así, ya que pronto pasaron unas excavadoras que aclararon todo y luego lo hicieron campo de fútbol. Era igual de ancho que de largo, pero tenía dos porterías tamaño normal (grandes). Mientras no se jugaba al futbol, los niños y niñas lo usabamos para ir con las bicicletas y hacer derrapes, para jugar al peon, chapas, canicas y alguna que otra cosa más. No faltaron los partidos de "beisból" con raqueta y pelotas de tenis, 6 a 8 bases, un círculo para el pícher que decía "JAU!" para eliminar a quien estuviera corriendo. No se si era "beisból" version La Poveda, o si en otros lugares de España también se hacía así, pero a mis padres les resultaba muy gracioso.
Años después, ya que me había ido a la universidad en el 1993, construyeron un parking con cancha de deportes multiusos (tenis, voleibol, baloncesto, futbol sala). Del campo de cardos solo quedaban los recuerdos. Pero aun así, son recuerdos sobre todo agradables y que quiero dejar grabados para la posteridad. Recientemente vi una foto de unos cardos que se parecían mucho a los del campo de pinchos. Aquí está...